Roberto

Sus dedos dejaron de rasguear las cuerdas de la guitarra, pero no se hizo el silencio. Un par de reducidos grupos de personas que se habían dispuesto a su alrededor aplaudieron, sin ninguna sincronía, la actuación. Lo agradeció, como siempre; y recibió un puñado de monedas de escaso valor, como no tan a menudo comoSigue leyendo «Roberto»