La ciudad estaba aún despertando. Si paseabas por ella a esas horas, encontrarías una calma difícil de ver en otros momentos del día. El tráfico era escaso, inexistente en algunas calles. La gente no se amontonaba en los pasos de peatones, esperando el verde que les permitiese cruzar. Las farolas, aún encendidas, parecían querer lucharSigue leyendo «Nerea»