Se considera al físico Alhacén, nacido en Basora en el año 965, como el padre de la óptica, además del creador del método científico. Este llevó a cabo numerosos experimentos con lentes y espejos, demostrando que la luz que observamos procede del sol, viajando en línea recta hasta nuestros ojos, que se encargan de captarla.
Esta forma de comportarse de la luz es opuesta a lo que filósofos griegos como Platón, siglos antes, creían: estos decían que era el ojo quien, emanando unas partículas especiales, que según las leyendas la diosa Afrodita había concedido a los humanos, iluminaban todo aquello que veíamos, interactuándo con los rayos del sol, razón por la cual de noche no vemos igual que de día.
Ya en aquella época, Aristóteles describía el efecto que habían observado que ocurría en una cámara oscura, método utilizado para la fotografía estenopeica, como «una caja cerrada con un pequeño orificio por el que penetran los rayos del sol, formando una imagen en la pared opuesta».
Desde entonces, una gran cantidad de personas han realizado diferentes estudios sobre este hecho, destacando Roger Bacon, a quien se atribuye la recomendación de utilizar una cámara oscura para observar los eclipses solares, Leonardo da Vinci, quien explicó de manera similar a la de Aristóteles este fenómeno y estudió en profundidad su relación con el ojo humano, y Johannes Kepler, famoso e influyente astrónomo a quien se le conoce por ser nombrados en su honor un telescopio espacial y una supernova, entre otras cosas, además de ser la primera persona de la que hay constancia que se refiriese a este fenómeno por el nombre de cámara oscura.
En sus inicios, el fenómeno de cámara oscura se utilizó como ayuda para el dibujo, puesto que permitía contener en un espacio más reducido aquello que se quería trasladar al papel. No fue hasta el descubrimiento de los materiales fotosensibles que se pudo utilizar para realizar impresiones utilizando directamente la luz que pasaba por el agujero de la cámara, lo que dio lugar al inicio de la fotografía.